El Evangelio dice algo profundamente humano:
“Los discípulos estaban con las puertas cerradas por miedo.”
(Jn 20)
Y quizá ahí empezamos todos alguna vez.
Cerrándonos.
Por cansancio.
Por heridas.
Por decepciones.
Por miedo a volver a sentir.
A veces el alma también se encierra.
Y entonces aparece Jesús.
No llega con juicio.
No llega reclamando.
Llega diciendo:
“La paz esté con ustedes.”
Y después hace algo todavía más profundo:
sopla sobre ellos.
Como quien devuelve el aliento.
Como quien vuelve a dar vida.
Como quien despierta algo dormido por dentro.
Eso es Pentecostés.
No solo fuego.
No solo símbolo.
Es Dios entrando
en los espacios cerrados del corazón…
para devolver vida.
Porque hay cansancios
que no se curan descansando.
Se curan recuperando el alma.
Y quizá hoy eso es lo que necesitas.
No más exigencia.
No más fuerza.
Tal vez solo necesitas volver a respirar.
🌿 PREGUNTAS DE REFLEXIÓN e INTERIORIZAR
• ¿Qué partes de mí siguen cerradas por miedo?
• ¿Qué heridas me han hecho encerrarme emocionalmente?
• ¿Hace cuánto no respiro interiormente en paz?
• ¿Estoy dispuesto a dejar entrar nuevamente a Dios?
🙏 ORACIÓN
Espíritu Santo,
entra en los espacios de mí
que siguen cerrados.
En mis miedos.
En mis heridas.
En mis cansancios.
Sopla nuevamente vida
sobre lo que dentro de mí se ha apagado.
Devuélveme la paz.
La esperanza.
La confianza.
Y enséñame nuevamente
a respirar desde el alma.
Amén.
“Hay puertas que solo el Espíritu puede volver a abrir.”


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