jueves, 22 de enero de 2026

 Volver al centro



Hay días en los que el alma se descoloca.

No porque Dios se haya ido,

sino porque dejamos que lo exterior

ocupe el lugar que no le corresponde.

Las preocupaciones,

las tareas,

las expectativas,

el miedo a no llegar…

Todo eso va empujando

hasta que el centro se corre

y el corazón pierde su quietud.

Volver al centro

no es huir del mundo,

es habitar a Dios en medio de él.

Es detenerse.

Respirar.

Recordar que Dios está aquí.

No afuera.

No después.

Aquí.

Cuando vuelvo al centro,

no desaparecen los problemas,

pero dejan de gobernar.

Y en ese lugar interior,

la paz se acomoda

y el alma recuerda

que pertenece.

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