Cuando el alma atraviesa su propio invierno
Después del quebranto viene el silencio.
Después del llanto, la calma que permite ver.
Cuando el alma se rompe, algo nuevo comienza a formarse.
La tristeza ya no es enemiga, es maestra: nos enseña a depender de Dios, a escuchar Su voz en lo profundo.
Este es el tiempo donde la fe se hace más íntima.
Donde no hay respuestas, pero hay presencia.
Donde entendemos que Dios no repara desde fuera, sino desde dentro.
> “El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado.” (Salmo 34,18)
🙏 Oración
Señor, en mis inviernos interiores,
cuando parece que nada florece,
enséñame a confiar en tu obra silenciosa.
Hazme paciente para esperar la primavera del alma,
y sensible para reconocer que aún en el frío,
tú sigues obrando.
Restaura en mí la fe,
haz nueva mi esperanza
y devuelve el gozo a mi espíritu.
Amén.
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💭 Preguntas de reflexión
¿Qué parte de mi vida está viviendo un “invierno” interior?
¿He permitido que Dios me acompañe en ese silencio o trato de escapar del dolor?
¿Qué señales me muestra Él de que está obrando desde dentro, aunque no lo vea aún?


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