Hay momentos en la vida en los que ya no alcanzan las respuestas.
Ni los planes.
Ni las fuerzas.
Solo queda una decisión:
Seguir caminando hacia Él.
Pedro no salió de la barca porque fuera valiente.
Salió porque reconoció una voz.
Mientras sus ojos permanecieron en Jesús, el agua dejó de ser un obstáculo.
Pero cuando miró el viento…
apareció el miedo.
¿No nos pasa lo mismo?
Comenzamos un camino llenos de confianza.
Y de pronto llegan los diagnósticos.
Las pérdidas.
La incertidumbre.
El silencio.
Y empezamos a mirar más las olas que la presencia de Dios.
Lo más hermoso de este Evangelio no es que Pedro caminó sobre el agua.
Es que, cuando comenzó a hundirse, no dejó de mirar hacia Jesús.
Solo pudo decir:
"¡Señor, sálvame!"
Y el Evangelio añade una frase que siempre me conmueve:
"Enseguida Jesús extendió la mano y lo sostuvo."
No después.
No cuando Pedro demostrara más fe.
Enseguida.
Quizá hoy tú también sientes que el viento es fuerte.
Que el camino da miedo.
Que las fuerzas ya no son las mismas.
Entonces recuerda esto:
No necesitas caminar perfecto.
Solo necesitas seguir buscando su mano.
🌿 PREGUNTAS PARA EL CORAZÓN
• ¿Qué "olas" están robándome hoy la paz?
• ¿En qué momento dejé de mirar a Jesús para mirar el miedo?
• ¿Qué significa, hoy, volver a tomar su mano?
• ¿Dónde me está invitando Dios a confiar un poco más?
🙏 ORACIÓN
Señor,
cuando el viento sea fuerte y las olas parezcan más grandes que mi esperanza,
no permitas que aparte mis ojos de Ti.
Y si alguna vez siento que me hundo,
recuérdame que tu mano siempre llega antes que mi desesperación.
Enséñame a confiar, no porque todo esté resuelto,
sino porque Tú caminas conmigo.
Amén.
"La fe no es caminar sin olas… es saber quién sostiene tu mano."


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