domingo, 5 de octubre de 2025


Cuando el alma se apaga, Dios enciende la luz


Hay momentos en que el alma se apaga…

Nada alegra, nada llena, nada tiene sentido.

La tristeza parece un pozo sin fondo,

y el corazón se pregunta: ¿Dónde estás, Señor?


Pero justo ahí —en el silencio de la pérdida, en el llanto que nadie ve—

Dios comienza a trabajar.

No con ruido, sino con ternura.

No con respuestas rápidas, sino con una presencia que sostiene.


La fe no elimina el dolor, lo transforma.

Lo convierte en semilla de compasión, en fuente de sabiduría,

en encuentro profundo con Aquel que todo lo renueva.


Hoy el Evangelio (San Lucas 17, 5-10) nos recuerda las palabras de Jesús a sus discípulos:


> “Si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a este árbol: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y les obedecería.”


Esa fe pequeña, escondida, es la que sostiene el alma cuando nada parece tener sentido.

Es la fe que no depende de lo que vemos, sino de en quién confiamos.

La fe que resiste en la noche y florece en la espera.


Cuando llevamos nuestra tristeza a la oración, algo comienza a cambiar:

Dios toma nuestras lágrimas y las convierte en consuelo.

El alma que antes se apagaba, vuelve a brillar con Su luz.


> “Los que siembran con lágrimas cosecharán con alegría.”

— Salmo 126, 5




🌿

Hoy no busques entenderlo todo.

Solo quédate con Él, aunque no sientas nada.

Porque cuando se apagan tus fuerzas,

Dios empieza a encender las suyas dentro de ti.

---

🙏 Preguntas de reflexión:


1. ¿Dónde sientes que tu fe se ha marchitado y necesita volver a brotar?


2. ¿Qué significa para ti tener una fe del tamaño de un grano de mostaza?


3. ¿Cómo puedes dejar que Dios trabaje hoy, incluso en medio de tu tristeza?


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