Después de la alegría del Domingo Gaudete,
la espera continúa…
pero el corazón ya no es el mismo.
Hay esperas que cansan,
esperas largas, silenciosas, invisibles.
Esperas como la de aquella mujer
que llevaba años sufriendo
y que aun así no dejó de esperar.
La esperanza que se sostiene
no grita,
no corre,
no se impacienta.
Permanece.
Esa mujer supo esperar tocando apenas el borde del manto.
No exigió.
No reclamó.
Confió.
Y Jesús le dijo:
> “Hija, tu fe te ha salvado.” (Mc 5, 34)
Ahí comprendemos que la espera, cuando es confiada,
no es tiempo perdido.
Es tiempo fecundo.
En este Adviento,
la esperanza no se apaga cuando tarda la respuesta.
Se sostiene en la fe.
Se afirma en Dios.
Aprende a permanecer.
Hoy, si estás esperando algo desde hace tiempo,
no sueltes la esperanza.
Tócala con fe,
aunque sea apenas,
aunque sea en silencio.
Porque quien espera en Dios
nunca espera en vano.
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✨ Preguntas de reflexión
1. ¿Qué estoy esperando hoy con dificultad?
2. ¿Cómo puedo sostener la esperanza sin desesperarme?
3. ¿Dónde me invita Dios a confiar más profundamente?
🌿 Oración breve (opcional, preciosa para cerrar)
Señor, dame la fe que sabe esperar.
Enséñame a tocar tu presencia
aunque la respuesta tarde.
Que mi esperanza se sostenga en Ti. Amén.


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