Jesús lo dice con una claridad que desarma:
“La paz les dejo… mi paz les doy.”
(Juan 14)
Pero añade algo clave:
“No como la da el mundo.”
Y ahí está la diferencia.
Porque la paz del mundo depende.
De que todo esté bien.
De que nada falle.
De que todo esté bajo control.
Pero la paz de Jesús… no.
No depende de las circunstancias.
No desaparece cuando algo se mueve.
No se rompe cuando no entiendes.
Es una paz que permanece.
Por eso también dice:
“No se inquieten… ni tengan miedo.”
No porque no haya problemas.
Sino porque hay presencia.
Porque incluso en medio de la incertidumbre…
hay algo que sostiene.
Muchas veces buscamos paz afuera.
En soluciones.
En respuestas.
En que todo se acomode.
Pero la paz que Jesús da…
no se encuentra.
Se recibe.
Y se reconoce cuando decides confiar.
Tal vez hoy no necesitas que todo cambie.
Tal vez necesitas abrirte…
a la paz que ya está.
🌿 PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
• ¿De qué depende mi paz hoy?
• ¿Estoy buscando tranquilidad externa… o abriéndome a la paz interior?
• ¿Qué me está inquietando en este momento?
• ¿Estoy dispuesto a confiar… incluso sin entender?
🙏 ORACIÓN
Señor,
muchas veces busco paz en lo externo…
en que todo esté bien, en que nada falle.
Y cuando algo cambia…
me inquieto.
Hoy quiero recibir tu paz.
No la que depende…
sino la que permanece.
Sostén mi corazón.
Calma mi interior.
Y enséñame a confiar…
incluso en medio de todo.
Amén.
“La paz que buscas… ya te fue dada.”


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