Hay silencios que duelen.
No porque Dios se haya ido.
Sino porque nosotros esperábamos una respuesta inmediata.
Todos, alguna vez, hemos orado con el corazón entre las manos.
Hemos suplicado.
Hemos esperado.
Hemos llorado.
Y, por momentos, el cielo parece guardar silencio.
Eso fue lo que vivió la mujer cananea.
No pertenecía al pueblo de Israel.
No tenía derecho, según la mirada de muchos, a pedir.
Y, sin embargo, se acercó.
No llevaba argumentos.
Llevaba una necesidad inmensa.
Al principio, Jesús guarda silencio.
Después llegan unas palabras que, leídas rápidamente, pueden parecer duras.
Pero la mujer no se marcha.
No se ofende.
No deja de confiar.
Porque cuando el dolor es verdadero, el orgullo deja de tener importancia.
Ella comprendía algo que nosotros olvidamos con facilidad:
una sola migaja del amor de Dios basta para transformar una vida.
Y entonces Jesús revela el verdadero centro de este Evangelio:
"¡Qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas."
Evangelio según San Mateo 15, 21-28
No elogió su insistencia.
No elogió su inteligencia.
Elogió su fe.
Una fe que permaneció incluso cuando parecía que Dios callaba.
Y mientras meditaba este Evangelio, no pude evitar mirar mi propia semana.
También yo me he sentido como esa mujer.
No porque profese una fe distinta.
Sino porque hay momentos en los que uno se presenta delante de Dios llevando únicamente el corazón.
Con preguntas.
Con heridas.
Con cansancio.
Con el deseo de comprender.
Y, aun así, Él parece guardar silencio.
Pero quizá el silencio de Dios nunca ha sido ausencia.
Tal vez ha sido el espacio donde nuestra fe aprende a respirar de otra manera.
Porque hay respuestas que no llegan de inmediato.
Hay procesos que necesitan tiempo.
Hay heridas que no sanan en un instante.
Y hay un amor tan profundo que no deja de sostenernos, incluso cuando todavía no alcanzamos a verlo.
Hoy comprendo que la mujer cananea no obtuvo solamente un milagro.
Descubrió que el amor de Dios permanecía con ella desde el principio.
También en el silencio.
Y esa certeza cambia todo.
Porque cuando descubres que Dios sigue ahí, aunque no hable como esperabas...
el corazón deja de exigir pruebas.
Y comienza, sencillamente, a confiar.
🌿 Preguntas para el corazón
- ¿Qué silencio de Dios me cuesta aceptar hoy?
- ¿Estoy esperando una respuesta... o estoy aprendiendo a confiar?
- ¿Qué situación me invita a permanecer, aun cuando no comprenda?
- ¿Puedo creer que Dios sigue obrando, incluso cuando no lo veo?
🙏 Oración
Señor,
cuando tu silencio me desconcierte,
no permitas que mi corazón piense que me has abandonado.
Enséñame a permanecer.
A confiar cuando no comprenda.
A esperar sin perder la esperanza.
Hazme descubrir que tu amor no desaparece cuando callas.
Al contrario...
en tus silencios también habita tu presencia.
Y si alguna vez mis fuerzas flaquean,
recuérdame que una sola mirada tuya basta para sostener toda mi vida.
Amén.
✨ Frase para el corazón
La fe sabe esperar.


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