domingo, 14 de septiembre de 2025


 

Del silencio a la escucha

En la oración, el silencio no es vacío.
Es el espacio donde el alma se abre y Dios habla.

Callar no es perder palabras,
es ganar profundidad.
Es descubrir que Dios susurra en lo secreto
y que su voz no compite con el ruido del mundo.

El silencio orante nos enseña a escuchar.
A dejar de apresurarnos con nuestras preguntas,
y aprender a recibir respuestas en calma.

Porque en el murmullo del corazón,
Dios nos revela su ternura.

“Habla, Señor, que tu siervo escucha.” – 1 Samuel 3,9


Hoy el Evangelio también nos habla:
“Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en Él no perezca,
sino que tenga vida eterna.” – Juan 3,16

Ese amor no se grita entre ruidos,
se revela en el silencio que escucha.
Cuando callamos, podemos oír en lo profundo
que Su amor eterno sigue sosteniendo nuestra vida.


Preguntas de reflexión

  1. ¿Cómo reaccionas cuando en la oración hay silencio y no palabras?

  2. ¿Estás dispuesto a escuchar más que a hablar cuando te acercas a Dios?

  3. ¿Qué te dice hoy el Evangelio al recordar que Dios tanto te amó, que te dio a su Hijo?

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