domingo, 28 de septiembre de 2025

 





El abrazo de Dios en la oración silenciosa

En la oración silenciosa no sólo encontramos paz, también aprendemos a mirar con los ojos de Dios.
El silencio nos hace sensibles a lo que el ruido del mundo oculta: la necesidad del hermano, el clamor del pobre, la herida de quien sufre.

El Evangelio de hoy nos recuerda al rico que no supo ver a Lázaro a su puerta.
El silencio orante es el espacio donde Dios abraza nuestra vida y, al mismo tiempo, nos abre los ojos para abrazar la vida de los demás.

“Hijo, recuerda que recibiste bienes en tu vida, y Lázaro, males; por eso ahora él encuentra consuelo aquí, mientras tú padeces.” (Lc 16,25)

En el abrazo silencioso de Dios descubrimos un llamado: no quedarnos en nosotros mismos, sino salir al encuentro del que necesita nuestro amor.


🙏 Preguntas de reflexión

  • ¿Me dejo abrazar por Dios en el silencio para aprender a ver a los demás con compasión?

  • ¿Qué “Lázaros” están a la puerta de mi vida esperando mi atención?

  • ¿De qué ruidos interiores necesito desprenderme para escuchar a Dios?

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