El corazón late
sin pedir permiso,
sin hacer ruido,
sin anunciarse.
Late porque ha sido sostenido.
Porque ha sido cuidado.
Porque ha sido amado.
Cada latido es un regalo.
Cada respiración, una gracia.
Cada día, una oportunidad nueva
para amar,
para servir,
para volver a elegir el bien.
No doy gracias solo por vivir,
doy gracias por cómo vivir:
amando la ley del Señor,
buscando sus caminos,
intentando amar y servir
como Jesús.
Hoy mi corazón late agradecido.
Y eso basta.
2️⃣ ORACIÓN
Señor,
gracias por este corazón que late,
por el aire que entra y sale,
por el cuerpo que sigue respondiendo
al don de la vida.
Gracias por sostenerme
cuando no lo sabía,
por cuidarme
cuando no era consciente.
Hoy te doy gracias
no solo por vivir,
sino por caminar en tus caminos,
amar tus preceptos
y buscar servir
con un corazón disponible.
Que cada latido
sea alabanza silenciosa.
Amén.
3️⃣ PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
¿Por qué realidades concretas de mi vida doy gracias hoy?
¿Qué me invita hoy el latido de mi corazón a valorar más?
¿Cómo puedo amar y servir mejor desde la vida que se me ha regalado?


No hay comentarios.:
Publicar un comentario