En el silencio del desierto
El desierto no siempre habla fuerte.
A veces habla bajito.
Tan bajito…
que solo lo escucha quien se detiene.
Estamos acostumbrados al ruido.
A las respuestas rápidas.
A llenar cada vacío con palabras, tareas o distracciones.
Pero Dios muchas veces no habla así.
Dios habla en el silencio.
Y el desierto tiene esa extraña capacidad:
apagar el ruido exterior
para que el corazón vuelva a escuchar.
No siempre con respuestas claras.
A veces solo con una presencia suave
que te recuerda que no estás solo.
Por eso el desierto no es castigo.
Es un lugar de encuentro.
Un lugar donde el alma respira distinto.
Donde las defensas bajan.
Donde el corazón vuelve a sentir.
Tal vez hoy no necesitas hacer más.
Tal vez hoy solo necesitas detenerte…
respirar profundo
y dejar que el silencio haga su trabajo.
Porque cuando todo se calla,
Dios vuelve a pronunciar tu nombre.
Para reflexionar
• ¿Qué ruido está llenando hoy mi interior?
• ¿De qué estoy huyendo cuando evito el silencio?
• ¿Cuándo fue la última vez que me detuve solo a escuchar a Dios?
• Si hoy Dios pronunciara mi nombre… ¿estaría atento para oírlo?
Oración
Señor,
en medio del ruido de mi vida
enséñame a entrar en el silencio.
Que no tenga miedo del desierto,
ni del vacío que a veces siento.
Respira Tú en mi interior
cuando mi alma se siente cansada.
Y cuando todo parezca callado,
recuérdame que Tu voz
sigue pronunciando mi nombre.
Amén.
Y si cerramos esre momento elevando al cielo la oracion que Jesus nos enseñó.
Aprendiendo a orar, orando. 🌵


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