Jesús toma el pan, lo parte y lo comparte.
Y quizá eso, más allá del símbolo, es profundamente humano.
Porque amar de verdad también implica entregarse.
No desde la obligación.
Sino desde la presencia.
La Última Cena no ocurre en un momento perfecto.
Ocurre antes del dolor. Antes de la traición. Antes del miedo.
Y aun así…
Jesús permanece.
Eso conmueve.
Porque muchas veces nosotros solo sabemos amar cuando todo está bien.
Pero el amor verdadero…
también sabe quedarse en los momentos frágiles.
Jesús no huye del encuentro.
Se sienta a la mesa. Comparte. Mira a los ojos. Parte el pan.
Como diciendo:
“Aun sabiendo lo que viene… quiero permanecer con ustedes.”
Y quizá hoy esa también es una invitación para nosotros.
Volver a los encuentros reales.
A la presencia.
A las personas que amamos.
A lo sencillo que alimenta el alma.
Porque hay hambres que no se llenan con cosas.
Solo con amor verdadero.
🌿 PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
• ¿Qué personas han sido presencia verdadera en mi vida?
• ¿Sé permanecer cuando las cosas se vuelven difíciles?
• ¿Hace cuánto no comparto desde el corazón?
• ¿Qué alimenta realmente mi interior hoy?
🙏 ORACIÓN
Señor,
en medio de tanto ruido, hazme volver a lo verdaderamente importante.
A la presencia. Al encuentro. Al amor que permanece.
Enséñame a compartir desde el corazón y no desde la prisa.
Y cuando lleguen momentos difíciles…
hazme recordar que el amor verdadero también sabe quedarse.
Amén.
“Hay presencias que alimentan más que las palabras.”


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