Este mes no hablamos del corazón como símbolo romántico.
Hablamos del corazón como centro.
Lo vimos desordenarse.
Purificarse.
Sembrar en silencio.
Buscar su tesoro.
Aprender a permanecer.
El corazón no es lo que siente.
Es lo que elige.
Y este mes aprendí algo profundo:
el corazón que vuelve a Dios
no siempre cambia las circunstancias,
pero cambia la manera de habitarlas.
Cerrar el mes no es terminar.
Es reconocer lo que se movió dentro.
Si algo se limpió,
si algo se ordenó,
si algo volvió a latir con claridad…
entonces valió la pena.
ORACIÓN
Señor,
gracias por este mes.
Gracias por lo que mostraste.
Por lo que purificaste.
Por lo que confrontaste.
Si algo en mi corazón volvió a su centro,
sosténlo.
Que no sea emoción pasajera.
Que sea transformación silenciosa.
Custodia mi corazón.
Hazlo fiel.
Amén.
PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
¿Qué cambió realmente en mi corazón este mes?
¿Qué quedó más claro?
¿Qué necesita seguir siendo trabajado?
¿Dónde necesito perseverar?


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